La Época En La Que México Legalizó Las Drogas

En algún momento de la historia de México, las drogas que hoy son ilegales fueron despenalizadas. De hecho, el gobierno abrió clínicas donde se daban dosis controladas a los adictos

Era 1940, el último año de la administración de Lázaro Cárdenas y en Europa se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial. Las crónicas y relatos registran cómo la gente de esa época entendía el consumo de drogas. El investigador Eugenio Gómez Maillefert describió cómo un grupo de «jóvenes elegantes» alquiló un cuarto en el tercer piso de un antiguo convento, al que sólo acudían de noche para fumar marihuana.

Cuando llevaban a algún novato, encendían sal con alcohol en una cazuela para producir una luz verdosa y hacerlo alucinar. Ahí leían poesía, y todos aseguraban que estando grifos (bajo la influencia de la marihuana), gozaban más de las letras.

«Se dice que alguien se da las tres cuando fuma marihuana porque casi todos los fumadores dan tres fumadas seguidas a su cigarro», escribió Gómez Maillefert y añadió que por muy numeroso que fuera el grupo de marihuanos, todos fumaban del mismo moriqueto (cigarro), pasándolo de mano en mano para hacerlo rolar (circular).

Era común leer en los diarios noticias sobre personas adictas, que en ese entonces llamaban «degeneradas».

Lo más preocupante para la sociedad y el gobierno de la época fue el rápido crecimiento de grupos de traficantes. «El Venado» y «Lola la Chata» fueron dos de ellos, cuyos nombres aparecen con frecuencia en las noticias de los años 30 y 40.

Los diarios denunciaban que a pesar de haber sido detenidos «infinidad de veces», seguían dedicándose a distribuir y a vender narcóticos sobornando a las autoridades.

Para frenar esta situación, en 1931 se promulgó un Reglamento Federal de Toxicomanías que ordenaba castigar a los consumidores y traficantes de drogas. La medida no funcionó como se esperaba y el número de adictos seguía aumentando.

El mito de la marihuana 

Fue a finales de los años 30 que un psiquiatra mexicano propuso una idea revolucionaria. Se trataba de Leopoldo Salazar Viniegra y para él, se debía tratar a las personas adictas como enfermas.

Salazar Viniegra nació en Durango en 1897 y se mudó a la capital para estudiar medicina en la que hoy es la Universidad Nacional Autónoma de México.

Después se especializó en psiquiatría en París y cuando volvió a México en 1925 se integró como médico en el Manicomio General de la Ciudad de México, conocido como La Castañeda, donde trabajó durante dos décadas.

Salazar se hacía amigo de los internos del hospital, incluso se dice que comía y conversaba con ellos. Eso le valió que algunos de sus colegas conservadores lo tacharan de extravagante y poco serio.

Entre los pacientes de La Castañeda realizó los primeros estudios sobre la marihuana con rigor científico, concluyendo que su consumo no está relacionado con la «locura» o criminalidad, y que sus efectos no son más dañinos a los del tabaco. Hoy se sabe que el tabaco sí es más adictivo que la marihuana, pues 32% de quienes lo consumen desarrollan adicción frente al 9% que se vuelve adicto al cannabis.

El informe de Salazar titulado «El Mito de la Marihuana», fue publicado en la revista Criminalia de diciembre de 1938. El médico sostuvo que en los 20 años que trabajó en La Castañeda, jamás tuvo un caso de trastornos mentales originados por fumar esta yerba.

Salazar puso en duda a quienes en años anteriores habían hecho estudios en consumidores de marihuana, y aseguraban que les provocaba episodios de comportamiento violento. Salazar reprodujo estos estudios en México con el consentimiento de algunos de sus pacientes del área de toxicomanías de La Castañeda.

Así, consumidores frecuentes, sujetos que fumaban por primera vez, personas con trastorno psicópata y otros pacientes fumaron marihuana en un experimento controlado y ninguno de ellos, reportó Salazar, presentó comportamiento violento.

El psiquiatra propuso que las personas toxicómanas fueran rehabilitadas con pequeñas dosis de drogas y estaba convencido de que eso frenaría a los traficantes como «Lola la Chata».

Su trabajo sentó las bases para que dos años después el presidente Lázaro Cárdenas emitiera un Reglamento Federal «para combatir la toxicomanía y el tráfico de enervantes», que fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el 17 de febrero de 1940.

Con esta medida se dejaba de criminalizar a los consumidores de sustancias adictivas y en lugar de eso, se les ofrecía tratamiento médico y psicológico.

El Reglamento Federal de Toxicomanías contenía once artículos donde detallaba con precisión cómo se debía proceder en estos casos: sólo los médicos cirujanos, con título registrado en el Departamento de Salubridad estaban autorizados para prescribir narcóticos a toxicómanos.

Las reacciones fueron claras: «El toxicómano no es un delincuente. Atraerlo, en vez de perseguirlo, registrarlo y someterlo a un tratamiento médico y psicológico constituirá fundamental medio de combatir la toxicomanía. De igual modo, la mejor manera de inhabilitar al traficante, sobre perseguirle y castigarle, será compitiéndole el precio de la mercancía, (para) no dejar margen alguno de ganancia».

El programa de rehabilitación consideraba un presupuesto especial para surtir y sostener a los hospitales donde se ofrecía este servicio. Además se definió que los beneficiarios (es decir, los consumidores), debían registrar sus datos en formularios especiales donde el médico especificaba la dosis que podía surtirse y a qué número de días.

Según diarios de la época, era común que alrededor de 200 personas acudieran cada día a recibir su dosis prescrita de alguna sustancia como parte de su tratamiento de rehabilitación. Pero el gusto les duró poco, porque ese mismo año se derogó el decreto:

«Por falta de recursos del Estado, no ha sido posible (implementar) procedimientos curativos adecuados con todos los toxicómanos, ya que no ha sido factible establecer el suficiente número de hospitales que se requieren para su tratamiento», se lee en el Diario Oficial de la Federación del 3 de julio de 1940.

Eran los primeros años de la Segunda Guerra Mundial y el gobierno se declaró incapaz de adquirir drogas, pues éstas se traían de Europa, donde continuaba el conflicto bélico.

«Mientras dure la guerra, el Departamento se encuentra en la imposibilidad de adquirir las drogas». Así fue como culminó este breve periodo en el que México conoció la regulación de las drogas.

CÍRCULO VICIOSO

Actualmente, más de 250 millones de personas alrededor del mundo están en riesgo por consumir narcóticos con regularidad. De acuerdo con la Global Commission on Drug Policy, existen dos círculos con respecto a la prohibición de los narcóticos.

En el virtuoso (cuando se despenalizan), se reduce la cultura de la impunidad, las instituciones se fortalecen, la sociedad y la economía prosperan, disminuye la corrupción y la violencia.

En cambio, el círculo vicioso de las drogas penalizadas genera corrupción y violencia, la sociedad y economía se ven afectadas, aumenta el crimen organizado y se atenta contra comunidades e instituciones frágiles, sostiene dicha institución.

En México, la Ley General de Salud publicada en el Diario Oficial de la Federación en 1984, dice que los consumidores tienen permitido llevar con ellos 2 gramos de opio, 50 miligramos de heroína, 5 gramos de marihuana y 40 miligramos de metanfetamina para consumo personal. Si exceden estas cantidades, se les persigue por narcomenudeo y en su caso, por narcotráfico.

Este año la discusión se retomó sólo para el caso de la marihuana, a raíz de que a partir de 2015 cinco personas han sido amparadas para consumirla con fines recreativos.

En 2017, el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública realizó una encuesta para conocer la opinión de los mexicanos sobre su despenalización. El 47% de los entrevistados aprueba la legalización de su uso, pero 70% cree que México no está preparado para regularla. El debate sigue abierto.