Científicos Elaboran Mapa Que Revela La Enorme Red Subterránea De Hongos Que Recorre Todo El Mundo; Mide Más De 100 Cuatrillones De Kilómetros

Científicos Elaboran Mapa Que Revela La Enorme Red Subterránea De Hongos Que Recorre Todo El Mundo

Un equipo internacional de investigadores logró por primera vez dimensionar la magnitud de las redes de hongos que permanecen ocultas bajo la superficie terrestre y que desempeñan un papel fundamental para la vida vegetal, la biodiversidad y la regulación del clima global.

El estudio, publicado en la revista científica Science, elaboró el primer mapa mundial de los hongos micorrícicos arbusculares, organismos que viven en simbiosis con alrededor del 70 por ciento de las plantas del planeta y que ayudan a transportar nutrientes, agua y carbono a través del suelo.

Los científicos utilizaron modelos de aprendizaje automático y más de 16 mil muestras de suelo recolectadas en distintos ecosistemas del mundo para estimar la distribución y densidad de estas redes subterráneas.

Los resultados revelaron que las diminutas estructuras conocidas como hifas alcanzan una longitud total estimada de 110 cuatrillones de kilómetros, suficiente para conectar la Tierra con el Sol y regresar casi mil millones de veces.

Además, calcularon que la biomasa total de estos hongos alcanza los 300 megatones de carbono, una cantidad equivalente a entre cuatro y seis veces la masa combinada de todos los seres humanos que habitan actualmente el planeta.

Una alianza vital para las plantas

Los hongos micorrícicos mantienen una relación de cooperación con las plantas desde hace aproximadamente 450 millones de años. A través de este vínculo, las plantas suministran carbono obtenido mediante la fotosíntesis y los hongos les entregan nutrientes esenciales como fósforo y nitrógeno.

Según los investigadores, estas redes pueden ampliar hasta cien veces la capacidad de absorción de nutrientes de las raíces, permitiendo que especies agrícolas como trigo, maíz y arroz crezcan con mayor eficiencia y resistencia frente a condiciones adversas como la sequía.

Los hongos llegan a proporcionar hasta el 80 por ciento del fósforo y cerca del 20 por ciento del nitrógeno que requieren muchas plantas para desarrollarse.

El sistema circulatorio oculto de la Tierra

Los especialistas comparan estas redes fúngicas con un sistema circulatorio planetario debido a su capacidad para transportar recursos a través de ecosistemas enteros.

Las mayores concentraciones fueron identificadas en pastizales secos, humedales y algunas regiones de praderas naturales, donde se encuentra aproximadamente el 40 por ciento de toda la biomasa mundial de estos hongos.

Los investigadores señalaron que una sola cucharadita de suelo puede contener hasta 10 metros de red micorrícica, aunque estas estructuras son tan pequeñas que resultan invisibles para el ojo humano.

Agricultura amenaza la infraestructura fúngica

El estudio también detectó riesgos importantes para estos ecosistemas subterráneos. En áreas agrícolas intensivas, la densidad de las redes micorrícicas es hasta 47 por ciento menor en comparación con los pastizales naturales.

Los científicos consideran que prácticas como el arado intensivo y el uso excesivo de fertilizantes podrían estar reduciendo la presencia de estos organismos, ya que las plantas dependen menos de ellos cuando reciben nutrientes artificialmente.

Por ello, los expertos sugieren que métodos como la agricultura de conservación, la reducción del laboreo y algunas prácticas tradicionales podrían contribuir a preservar la salud de los suelos.

Clave para enfrentar el cambio climático

La investigación estima que estos hongos ayudan a almacenar cerca de cuatro mil millones de toneladas de dióxido de carbono en los suelos, equivalente a alrededor del 11 por ciento de las emisiones globales generadas por la actividad humana en un año.

Además de capturar carbono, las redes fúngicas brindan estructura al suelo y sirven de hábitat para una enorme diversidad de organismos subterráneos, desde insectos hasta lombrices y microorganismos.

Los autores consideran que comprender mejor la distribución y funcionamiento de estos sistemas permitirá desarrollar estrategias más eficaces para la conservación de ecosistemas y la lucha contra el cambio climático.