Plantas De Los Dioses: Orígenes Del Uso De Los Alucinógenos

Este es uno de los libros más apreciados por los aficionados a la enteogenia. Escrito mano a mano por dos de las grandes eminencias del mundo enteogénico (R.E. Schultes, el padre de la etnobotánica, y A. Hofmann, descubridor de la LSD), el libro está planteado como un tratado divulgativo de gran calidad, más que como un estudio científico apto sólo para minorías especializadas.

Su parte central es el estudio de 14 plantas usadas por culturas antiguas, como el peyote, la ayahuasca, el San Pedro, la iboga, los hongos, la brugmanisa, la cannabis y la Amanita muscaria entre otras. Para cada planta, además de un gran número de excelentes imágenes, se ofrecen tanto los mitos sobre su origen, sus formas de uso, preparación, particularidades de las culturas que las han usado y descripción de efectos. A destacar de estos apartados que se incluye información referente a varias solanáceas, plantas muy tóxicas y de efectos poco deseables sobre las que existe poca información.

Rodeando a este núcleo central encontramos apartados referentes al estudio moderno de estas plantas, tanto a nivel químico como religioso y antropológico; también al empleo actual de los visionarios en psiquiatría. A destacar también una sección en la que se ofrece información general sobre 91 plantas (localización, breve descripción botánica, pueblos que las usan, ilustración, principios activos), muchas de ellas muy poco estudiadas.

Según Albert Hofmann, la realidad es un transmisor cósmico y el individuo es un receptor planetario, por tanto, si se altera la conciencia del individuo a través de ciertas drogas, emergerá¡ una realidad distinta sin que esta alteración en el receptor haya deformado al transmisor. De aquí­ concluye que la realidad no es fija, sino momentánea, «y cada individuo es un creador que debe reinventar de nuevo su propio mundo.» Lo que se ha perdido entre los hombres, explica, es la experiencia de la unidad esencial debido a que la relación con la naturaleza no se ha dado en estos términos, sino en una óptica judeo-cristiano de dominación-sometimiento que promueve: ‘haz de la tierra tu sierva’.