La Influencia De Los Hongos Psicodélicos En La Navidad

¿Alguna vez te has preguntado por qué Santa Claus lleva un traje rojo y blanco, tiene renos voladores y trabaja con duendes mágicos? Los investigadores creen que estos son ejemplos de la influencia de los hongos psicodélicos en la tradición navideña.

Una de las leyendas urbanas más frecuentes que existen en torno a la figura de Santa Claus es que su creación se atribuye a la marca de refresco Coca-Cola. Pero, como toda leyenda urbana, esta versión sobre el nacimiento de este personaje navideño, que se ha extendido en parte gracias a las campañas de marketing de dicha refresquera, contiene verdades a medias, o lo que es lo mismo, no es del todo cierta.

El etnobotánico y místico Terence McKenna dice: «Un ejemplo de cómo un folclore muy antiguo que se incorpora a nuestra cultura sin siquiera darse cuenta se proporciona al hablar de Amanita Muscaria». Amanita muscaria es un hongo psicoactivo basidiomiceto de color rojo y blanco y seta con potentes propiedades alucinógenas.

Las imágenes popularizadas de Amanita muscaria en cuentos de hadas y libros como Alicia en el País de las Maravillas tuvieron sus orígenes en sistemas de creencias tribales anteriores al cristianismo. Los hongos psicodélicos jugaron un papel central en las culturas paganas de todo el hemisferio norte, como la tribu Koyak de las estepas centrales rusas y los lapones de Finlandia, donde crecen los hongos.

Estas culturas tribales creían en la mitología del Árbol del Mundo, cuyas raíces se extienden por el inframundo y cuyas ramas llegan hasta el cielo, tocando la Estrella del Norte. La tradición de decorar un pino es simbólica de este Árbol del Mundo, y la estrella colocada en la parte superior representa la Estrella del Norte. El espíritu del chamán subía a este árbol, accediendo así al reino de los dioses. El Árbol del Mundo se veía como una especie de eje cósmico, o un centro mundial axis mundi que conectaba el Cielo y la Tierra. En la Tierra, el axis mundi está ubicado en los polos.

Simbólicamente, esta es la razón por la que Santa Claus «vive» en el Polo Norte. Según el antropólogo John Rush, «Papá Noel es la contraparte moderna de un chamán, que consumía plantas que alteraban la mente y hongos para comunicarse con el mundo de los espíritus».

Santa Claus era un hongo

Un chamán es aquel que entra en un estado alterado de conciencia para interactuar con el mundo de los espíritus para efectuar la adivinación y la curación. Para alcanzar un estado de trance, los chamanes a menudo ingieren sustancias psicodélicas como Amanita muscaria. John Rush explica que «Hasta hace unos pocos cientos de años, estos chamanes o sacerdotes practicantes conectados con las tradiciones más antiguas recolectaban Amanita muscaria (el hongo sagrado), las secaban y luego las regalaban en el solsticio de invierno». La Amanita muscaria tiene una relación simbiótica con los pinos y sólo crece debajo de ciertas especies de árboles, específicamente coníferas, como pinos, abetos, secoyas y piceas. Según el escritor James Arthur, «la gente trae pinos a sus casas en el solsticio de invierno, colocando paquetes de colores brillantes (rojo y blanco) bajo sus ramas, como regalos para demostrar su amor mutuo… porque, debajo de la rama de pino está el lugar exacto donde uno encontraría esta sustancia ‘más sagrada’, la Amanita muscaria, en la naturaleza».

Tradicionalmente, los hongos se secaban para su consumo colgándolos de las ramas de los pinos para captar la luz del sol o bien, se colgaban delante de la chimenea. Ambos métodos se han convertido en un símbolo, colgando adornos en un pino y colgando medias (rojas y blancas) en la chimenea.

Los renos, nativos de las regiones árticas y subárticas del norte de Europa y Siberia, están relacionados con la tradición chamánica en el sentido de que los renos son particularmente aficionados a comer Amanita muscaria. Después de ingerir los hongos, brincan mientras están bajo la influencia de la psicodelia. Esto puede simbolizar el vuelo de los renos, ya que acompañan al chamán en sus místicos «vuelos» de trance.

Cuando los chamanes del norte salían en busca de los hongos, usaba un traje rojo con puntos o con bordes blancos, para honrar los colores de los hongos. Y debido a que durante esa época todo estaba cubierto de nieve, usaba largas botas hechas de piel de reno que para ese entonces se veían negras debido al uso. Reunía los hongos secos en las ramas de los pinos y un poco de orina de reno en una gran saco, luego regresaba a su yurt (el tipo de alojamiento propio de los habitantes de esa región en esa época) y se reunía con hombres importantes del pueblo para dar inicio a la ceremonia del solsticio.

Pero, ¿Cómo entraría el chamán a la yurt si la puerta estaba bloqueada por varios centímetros de nieve? Bueno, subía hasta el techo con su saco lleno de ofrendas y bajaba por el agujero central que funcionaba como chimenea. Luego hacía entrega de los hongos para todos los invitados y algunos tomaban los que estaban dentro de las calcetas colgadas sobre el fuego. Claramente la idea de bajar por la chimenea y entregar regalos fue exitosa.

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Al parecer estas tradiciones llegaron hasta Gran Bretaña mediante los druidas, cuyas prácticas espirituales se relacionaban con elementos originados mucho más hacia el norte. Luego, en la forma inevitable en que las culturas influencian unas a otras por medio de la inmigración y los matrimonios mestizos, estas historias se mezclaron con ciertos mitos germánicos y nórdicos que hablaban sobre Wotan (el dios germánico más poderoso), Odin (su contraparte nórdica) y cualquier otro dios que viajara durante la media noche del solsticio de invierno, perseguido por demonios, en un trineo tirado por un caballo de ocho patas. El trineo dejaba una estela de sangre roja y blanca y el caballo botaba espuma por la boca hasta el suelo, donde aparecerían los hongos amanita del próximo año. Al parecer, con el paso de los años, la historia europea del caballo de ocho patas y la historia de los pueblos árticos de los renos que saltaban y volaban por los alrededores, dieron origen a los famosos ocho renos voladores.

La historia llegó hasta el nuevo mundo de la mano de los primeros colonizadores ingleses, y recibió el aporte de la tradición danesa del turco San Nicolás (quien incluso fue llamado Sinterklaas por los niños daneses) proveniente de las colonias holandesas, y que encontró la inmortalidad en su forma actual a principios del siglo veinte en Estados Unidos, con el famoso poema de Clark Moore “A visit from St. Nicholas” (es español “Una visita de San Nicolás”). Antes de que el poema llegara a la prensa, distintos grupos inmigrantes en los Estados Unidos tenían sus propias versiones de la leyenda de Santa Claus, pero en 1930, la campaña publicitaria de Coca Cola, le dio a Santa su distintivo tamaño y lo hizo recorrer el mundo.

Hay una sorprendente similitud entre nuestra actual representación de los elfos haciendo juguetes y los elfos de la máquina que encontró Terence McKenna mientras se tropezaba con la dimetiltriptamina (DMT). Según McKenna, estos elfos utilizan el sonido para hacer «objetos asombrosos». Objetos que son Huevos de Fabergé, cosas hechas de perla, y metal, y vidrio, y gel».

Al describir el viaje del DMT, McKenna dice: «El aire parece haber sido aspirado repentinamente de la habitación porque todos los colores se iluminan visiblemente, como si algún medio intermedio hubiera sido eliminado». Esto puede explicar el simbolismo que hay detrás de encender un árbol de Navidad. Un árbol es, en esencia, energía electromagnética luminosa, pero esto sólo es perceptible bajo la influencia de los psicodélicos.

Jesús Era Un Hongo

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Hay evidencia de que el cristianismo mismo fue influenciado por la Amanita muscaria.

En su libro The Sacred Mushroom and the Cross (1970), John M. Allegro hace la afirmación de que Jesús no existió como figura histórica sino que fue el código de la Amanita muscaria, un código inventado por los primeros cristianos que se tropezaron con los hongos psicodélicos. Aunque en ese momento se le menospreció, las teorías de Allegro están siendo reevaluadas, a la luz de nuevas evidencias, y sus libros vuelven a imprimirse.

Inspirado por Allegro, el activista y autor de cannabis Jack Herer interpretó cuidadosamente el texto bíblico como un cifrado de hongos.

Según Herer, el Oriente Medio no siempre fue un desierto y millones de cedros poblaron una vez el Líbano. Cita una oscura «cruzada contra los cedros del Líbano» que redujo la población a sólo 400 árboles. Los botánicos han clasificado erróneamente los «cedros» del Líbano, que según Herer son en realidad miembros de la familia de los pinos. Y, por supuesto, es el pino el que comparte una relación simbiótica con la Amanita muscaria.

Herer señala que Salomón, como figura histórica, es en realidad un hongo. La llamada a «participar en las aguas de la vida» es una llamada a beber el hongo en su forma de jugo. Un encuentro con un ángel por parte de Salomón es un encuentro con el hongo que «infunde la conciencia con la conciencia del hongo… y mezcla la conciencia con la hueste celestial».

Herer señala que las primeras pinturas cristianas que representan figuras religiosas tenían halos dibujados alrededor de la cabeza con líneas radiales que emanaban de la cabeza. Esta imagen se asemeja a la parte inferior de un hongo y simboliza que estos eran individuos iluminados bajo el hechizo del hongo.

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Los vínculos causales entre los hongos y las tradiciones navideñas son ineludibles. «El número de motivos que relacionan a Santa Claus con un culto de Amanita muscaria es tremendo», dice McKenna, «No hay casi nada más que motivos relacionales, pero si se lo sugieres a la gente, se alejan horrorizados».