Un estudio publicado en la revista científica The Lancet Psychiatry, el cual esta enfocado en la seguridad y eficacia de los cannabinoides, aseguró que no existe evidencia de que el cannabis medicinal sea efectivo para tratar la ansiedad, la depresión o el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Este hallazgo cuestiona el uso terapéutico en un contexto global de prescripciones récord.
La investigación llega en un momento de auge comercial. En Australia, las aprobaciones de recetas superaron el millón y las ventas de medicamentos con cannabidiol (CBD) y tetrahidrocannabinol (THC) se triplicaron en los últimos cuatro años, recetándose frecuentemente para trastornos de salud mental y uso de sustancias. Un panorama similar ocurre en Estados Unidos y Canadá, donde el 27 por ciento de las personas entre 16 y 65 años ha utilizado cannabis con fines médicos, y cerca de la mitad lo hace para controlar su salud mental.
El Dr. Jack Wilson, investigador principal del estudio en The Matilda Centre de la Universidad de Sídney, cuestionó la aprobación clínica para estas afecciones y advirtió sobre las consecuencias no deseadas.
“Aunque nuestro artículo no analizó esto específicamente, el uso rutinario de cannabis medicinal podría estar haciendo más daño que bien al empeorar los resultados de salud mental, por ejemplo, un mayor riesgo de síntomas psicóticos y el desarrollo de un trastorno por consumo de cannabis, y retrasando el uso de tratamientos más efectivos”, declaró el investigador.
El análisis (basado en 54 ensayos controlados aleatorizados publicados en un periodo de 45 años, de 1980 a 2025) asegura que el cannabis medicinal no es efectivo para todos los trastornos de abuso de sustancias.
Mientras que una formulación oral ayudó a reducir el consumo en personas dependientes de la misma planta cuando se combinó con terapia psicológica, los resultados fueron perjudiciales para otras adicciones.
“Sin embargo, cuando el cannabis medicinal se usó para tratar a personas con trastorno por consumo de cocaína, aumentó sus antojos. Esto significa que no debe considerarse para este propósito y puede, de hecho, empeorar la dependencia de la cocaína”, aseveró el Dr. Wilson.
El estudio, financiado por el NHMRC, subraya la necesidad de replantear las prescripciones médicas actuales. En sus declaraciones de conflictos de interés, los investigadores Wayne Hall y Myfanwy Graham informaron haber recibido honorarios por consultoría de la Organización Mundial de la Salud, entre otras entidades, mientras que el resto de los autores declararon no tener intereses contrapuestos en la presentación de esta histórica revisión científica.