Científicos apuestan por drogas psicodélicas para tratar problemas de salud mental

El pasado 4 de septiembre, la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, anunció el lanzamiento del Centro para la Investigación de la Experiencia Psicodélica y la Conciencia, cuya intención es analizar los posibles usos de estupefacientes en el tratamiento de enfermedades mentales.

El LSD y la psilocibina podrían ser utilizados como tratamientos de problemas mentales, como la anorexia, la adicción y la depresión.

Este centro es el primero en su tipo en el país, y pudo establecerse gracias a la donación de US$17 millones que fueron aportados por contribuyentes privados y una fundación.

Mientras que en abril, el Imperial College de Londres inauguró el que se considera como el primer centro de este tipo en el mundo.

«Esta es una iniciativa emocionante que aporta un nuevo enfoque a la tarea de aprender sobre la mente, el cerebro y los trastornos psiquiátricos mediante el estudio de los efectos de las drogas psicodélicas», explicó a The New York TimesJohn Krystal, director del Departamento de Psiquiatría en la Universidad de Yale. 

Desde principios del 2000, varios expertos se han dedicado a explorar el potencial de los estupefacientes y de otras sustancias recreativas para tratar problemas psiquiátricos.

El surgimiento de un tratamiento para la depresión que usa ketamina, una droga anestésica, y otros compuestos que provocan sensaciones extracorporales, han despertado el interés de los especialistas para utilizarlos como auxiliares en las terapias.

Sin embargo, los antecedentes de adicción a estas sustancias han hecho dudar a muchos expertos al respecto.

«Suscita la inquietud de que la investigación sobre el uso de alucinógenos como métodos de tratamiento pueda verse comprometida por las descripciones grandilocuentes de sus efectos y la aceptación indudable de su valor», escribió en la revista Journal of PsychopharmacologyGuy Goodwin, profesor de psiquiatría en Oxford.

Los científicos a cargo de los estudios en Hopkins, el Imperial College y en otras instituciones, señalan que el nuevo financiamiento ayudará a aclarar cuáles son las drogas indicadas para cada paciente, y cuándo los estados alterados son posiblemente peligrosos o ineficaces.

Una de las primeras iniciativas será una prueba de uso de psilocibina como método de curación para la anorexia nerviosa, la angustia psicológica y el deterioro cognitivo en las primeras etapas del mal de Alzheimer.

«El estudio que se está pidiendo a gritos es el del trastorno por opiáceos, y también tenemos planeado realizarlo», señaló Roland Griffiths, neurocientífico de Johns Hopkins.

Las investigaciones clínicas basadas en drogas psicodélicas o sustancias psicotrópicas suelen tener una estructura similar.

Los pacientes se someten a una preparación exhaustiva con un terapeuta, la cual incluye su historial médico completo, así como las recomendaciones sobre la droga que se usará en el estudio.

El día del tratamiento, el participante entra a la clínica, ingiere la droga y se sienta o acuesta, ante la observación del terapeuta, quien lo orienta ocasionalmente a medida que los efectos empiezan a producirse.

Por lo general, la terapia con drogas psicodélicas o compuestos estupefacientes consiste en una o dos sesiones bajo los efectos de la sustancia.